La propuesta de dos legisladores de Brooklyn es que se reduzca el número de estos ejercicios a solo uno por calendario escolar. Algunos reportes indican traumas y depresión en los estudiantes más pequeños.

Actualmente, la ley del Estado de Nueva York exige que las escuelas realicen al menos cuatro simulacros de cierre de los planteles para enseñar a los alumnos cómo actuar ante un eventual ataque armado. Ante una serie de análisis, que muestran que esta estrategia afecta la salud mental, especialmente de los más pequeños, un grupo de legisladores está impulsando una legislación que sólo obligaría a un “ensayo” anual de respuesta a un tiroteo. Además, se incluye una serie de cambios de cómo se abordan estas prácticas.

Por ahora, no existen pautas estandarizadas, ni capacitación específica a los maestros. Ni tampoco se requiere que los simulacros sean apropiados para la edad, muchos menos que se tomen previsiones de cómo pueden generar traumas a los estudiantes.

Bajo este contexto, el senador estatal Andrew Gounardes y la asambleísta Jo Anne Simon, ambos de Brooklyn, presionaron este martes a pocos días del arranque del año escolar, que se apruebe su proyecto de ley S6537/A6665, el cual pone fin al mandato de cierre “dañino e ineficaz” en las escuelas, tal como están concebidos en este momento.

“Estos simulacros son increíblemente traumatizantes para los estudiantes. En realidad, no ayudan a mantener seguros a los estudiantes, y mucho menos los hace sentir seguros”, reclamó Gounardes.

Si se aprueba, esta iniciativa se requeriría que los departamentos de educación utilicen un “enfoque informado sobre el trauma” en la creación de simulacros de encierro, incluida la reducción del número requerido de simulacros anuales.

También se exigiría notificar estas acciones a los padres al menos con una semana de anticipación. Y permitirles elegir la opción de que sus niños no formen parte del simulacro. 

Adicionalmente, se ofrecerían adaptaciones a los estudiantes con afecciones médicas y exigiría que las escuelas brinden a los niños y jóvenes “una explicación apropiada para su edad”.

Otras tareas pendientes

En lugar de simulacros, que involucren a toda la plantilla estudiantil, algunas organizaciones sugieren que los centros escolares utilicen programas de evaluación de amenazas, brinden acceso a profesionales de salud mental y apoyo social, implementen procesos disciplinarios y realicen planes de emergencia para maestros, que no involucren a los estudiantes. 

Gounardes dijo que era optimista acerca de que el proyecto de ley encontrara apoyo en sus colegas en la Asamblea Estatal y asegura que cuenta con el respaldo de organizaciones como Moms Demand Action y New Yorkers Against Gun Violence.

Nueva York es uno de los pocos estados que exigen cuatro o más simulacros de encierro por año, lo que significa que los estudiantes de los planteles públicos pueden experimentar el doble o más ejercicios de este tipo que los estudiantes de otras regiones.

Asimismo, la asambleísta Jo Anne Simon que promueve este anteproyecto de ley, hace énfasis en que en realidad no hay evaluaciones reales de cómo la estrategia actual, en donde se cierran salones con llave, se protegen ventanas y se crea un escenario de un tiroteo en la escuela, puede tener efectos reales ante eventuales ataques.

“Pero lo que sí tenemos muy claro, es cómo afecta la salud mental de muchos niños”, agregó.

Perjudiciales para la salud mental

Con base a una investigación publicada por la organización Everytown for Gun Safety Support, en asociación con la Federación Estadounidense de Maestros (AFT) y la Asociación Nacional de Educación (NEA) se concluye que”no hay hallazgos que confirmen el valor de los simulacros de tiroteos activos, para prevenir que se haga daño a comunidades escolares”.

Si bien, hay pruebas limitadas de la efectividad de estos simulacros, la evidencia anecdótica, incluidas muchas conversaciones en línea, sugiere cada vez más, que los simulacros con tiradores activos, pueden ser perjudiciales para la salud mental.

Varios estudios abordados directamente en planteles, demuestran que este tipo de ejercicios provocaron un aumento del 39% en la depresión, un incremento del 42% en el estrés y la ansiedad y un alza del 23% en los problemas de salud fisiológicos generales.

En este sentido, el trabajador social de origen salvadoreño, Xavier Cornejo, quien forma parte de la organización Neoyorquinos contra la Violencia de Armas (NYAGV), ha observado que después de estas prácticas, se generan muchas confusiones en los estudiantes, particularmente en los menores de 10 años.

“Muchos alumnos salen de estos simulacros, con la certeza de que en realidad estuvieron corriendo peligro. No todos están en la capacidad de comprender qué está pasando. No siempre los docentes y los administradores lo informan adecuadamente”, explicó.

Cornejo expone que es mucho más complicado en aquellos planteles, en donde inclusive se crean ejercicios más “realistas” con efectos especiales y personas extrañas a la comunidad escolar, para dar supuestamente más eficacia a la práctica.

El trabajador social quien se crió en una comunidad de Long Island, que enfrentó muchos episodios vinculados con la violencia armada, considera que para darle frente a este flagelo, es más importante iniciar cambios sistémicos y políticas integrales de salud mental.

La investigación sobre si los simulacros ayudan a proteger a los estudiantes, en un escenario de un tirador activo, siguen sin ser concluyentes.  Pero en los últimos cinco años, se han producido más de 150 tiroteos en escuelas del país, que provocaron lesiones o muertes, lo que impulsó a ciudades y estados a tomar medidas de precaución.

“Esto sí genera un trauma”

En el medio de la discusión sobre cómo se enseña a los alumnos a protegerse de un ataque armado en su aula, existen opiniones divididas, por ejemplo Rosannys Rivero, la madre de dos niños en una escuela pública del sur de El Bronx, cree que por el contrario, “más que eliminar los simulacros, deberían aumentarlos”.

“Si a un niño se le explica bien que es una práctica, porque habría que pensar que se va a traumatizar. La Ciudad y El Estado deben pensar en enfrentar otras cosas, que sí son un riesgo para la salud mental de nuestros niños”, acotó.

Rosannys considera que cuando sus hijos van de regreso a su casa en las tardes, tienen que ver el “espectáculo creciente” de personas drogándose en las calles, vendiendo “todo tipo de porquerías”, en frente de la misma policía.

“Eso sí genera un trauma. Y es un problema para nuestros niños y jóvenes, que toda la ciudad se llenó de drogas. Estas adicciones generan más violencia, más tiroteos, más gente loca capaz de hacer daño sin pensarlo”. concluyó la isleña.

NY sin tiroteos de alto perfil, pero…

Aunque no hay antecedentes de tiroteos escolares de alto perfil registrados recientemente en Nueva York, las tragedias de Uvalde, Texas, y Nashville, ha generado mucha alarma entre los padres, educadores y comunidades escolares, justamente cuando todo ha coincidido con años del auge de la violencia armada en la Gran Manzana.

Después de que la masacre en una escuela de Texas dejó 19 estudiantes y dos maestros muertos, la seguridad escolar está cada vez más en el centro de la mente de la gente, lo que llevó a la policía estatal a realizar más controles en las escuelas de Nueva York.

Incluso antes del tiroteo en Uvalde, ya se había producido un aumento masivo en el número de armas encontradas en las escuelas de la ciudad de Nueva York. 

Según datos del Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York (NYPD) la ciudad ha experimentado un aumento del 300 por ciento en el número de armas encontradas en las escuelas, en comparación con el último año escolar previo a la pandemia.

Si bien la violencia armada en el interior de las escuelas, sigue siendo poco común, los niños y jóvenes de la ciudad de Nueva York, también sienten el impacto de los tiroteos en sus comunidades.

Por ejemplo, hasta la primavera de este año, aproximadamente el 20% de las víctimas de tiroteos en la ciudad de Nueva York eran menores de 18 años. Entre 2018 y 2022, la cantidad de adolescentes arrestados y acusados de asesinato, creció a un ritmo dos veces más rápido que el de los adultos, según la División de Servicios de Justicia Penal del estado de Nueva York.

En este momento y luego de meses infernales marcados por el incremento de las balaceras en la Gran Manzana, las autoridades locales remarcan que los incidentes con disparos en los cinco condados disminuyeron un 26%.

Se pondera, como un dato alentador, que 193 personas menos resultaron heridas por disparos este verano.

Para el año escolar 2023-2024, que arranca esta semana, como parte de los cambios de blindaje de las escuelas que la Ciudad de Nueva York anuncian que desde el primer día de clases, las puertas de entrada de las 744 escuelas primarias se cerrarán con llave, una vez entren los estudiantes. Posteriormente se aplicará la misma medida en escuelas intermedias y secundarias.

Por  Fernando Martínez

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