Con un mensaje claro de unidad en la diversidad, el presidente Luis Abinader reafirmó este 26 de septiembre su invitación a Donald Trump para la próxima Cumbre de las Américas, un foro que busca redefinir las prioridades del hemisferio. La decisión, aunque polémica, refleja la voluntad de República Dominicana de evitar los errores del pasado, cuando las exclusiones generaron fracturas difíciles de sanar. «No podemos permitirnos otra cumbre dividida», declaró Abinader en una rueda de prensa, subrayando que el diálogo debe primar sobre las diferencias.
Trump, cuya posible candidatura presidencial en 2024 lo mantiene en el centro de la atención global, representa un dilema para los organizadores. Su estilo confrontativo y su historial de declaraciones contra países latinoamericanos podrían convertir el evento en un campo minado. No obstante, su participación también atraería una cobertura mediática sin precedentes, algo que podría beneficiar a la isla en términos de visibilidad internacional. El dilema es evidente: ¿vale la pena el riesgo?
La cumbre, programada para 2026, arrives en un momento crítico. La región enfrenta una crisis migratoria sin precedentes, el avance del crimen organizado y una desaceleración económica que amenaza con dejar atrás a millones. En este escenario, la presencia de un líder como Trump, con su enfoque en el «America First», podría complicar la búsqueda de consensos. Sin embargo, algunos analistas ven en su asistencia una oportunidad para discutir directamente temas espinosos, como el TLCAN o las sanciones a Venezuela.
Para Abinader, la apuesta es alta. República Dominicana, un país que ha logrado estabilidad política y crecimiento económico en los últimos años, aspira a proyectarse como un líder regional. Pero el costo de invitar a una figura tan divisiva podría ser alto, especialmente si su presencia desata protestas o boicots por parte de otros mandatarios. El gobierno ya ha iniciado conversaciones con sectores sociales para garantizar que el evento transcurra sin mayores incidentes.
Lo cierto es que, más allá de los nombres, lo que está en juego es el futuro de la cooperación hemisférica. Si la cumbre logra avanzar en acuerdos concretos —en lugar de quedar reducida a un intercambio de discursos— podría marcar un antes y después. Por ahora, todos los ojos están puestos en la respuesta de Trump y en cómo reaccionarán los demás invitados. Lo único seguro es que, esta vez, la Cumbre de las Américas no pasará desapercibida.