Imagina poder llevar contigo una copia biológica de tus órganos para estudiar cómo el espacio afecta a tu cuerpo sin poner en riesgo tu salud. Eso es exactamente lo que hará la NASA en la misión Artemis 2, cuando cuatro astronautas viajen alrededor de la Luna acompañados de sus «avatares biológicos»: pequeños dispositivos que contienen células de sus propios tejidos, diseñados para analizar en tiempo real los efectos de la radiación cósmica y la microgravedad.

Estos dispositivos, conocidos como chips de órgano, son el corazón del proyecto AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response), desarrollado por la NASA en colaboración con las empresas Emulate y Space Tango. Cada chip, del tamaño de un pendrive, contiene células madre hematopoyéticas extraídas de la médula ósea de los astronautas. «La médula ósea es uno de los tejidos más sensibles a la radiación y es vital para el sistema inmunitario», explica Liza Soleymani, investigadora principal del proyecto. «Entender cómo se ve afectada en el espacio es clave para misiones futuras a Marte».

Un experimento personalizado

Lo innovador de AVATAR es su enfoque individualizado. Hasta ahora, los estudios sobre los efectos del espacio en la salud se basaban en datos promediados de grupos de astronautas. Pero cada persona reacciona de manera distinta. «Con estos chips, podremos ver cómo responden las células de cada astronauta y ajustar sus tratamientos médicos en consecuencia», señala Daniel Huh, de Emulate.

Durante los 10 días que durará la misión Artemis 2, los chips viajarán en un módulo especial diseñado por Space Tango, donde serán expuestos a las mismas condiciones que los astronautas. Al regresar a la Tierra, los científicos analizarán los cambios en las células utilizando secuenciación de ARN, una técnica que permite estudiar cómo se modifican miles de genes en respuesta al entorno espacial.

Más allá de la Luna: Preparando el camino a Marte

Este experimento no solo es crucial para Artemis 2, sino que sienta las bases para futuras misiones a Marte, donde los astronautas estarán expuestos a niveles de radiación mucho más altos. «Si queremos enviar humanos a Marte, necesitamos entender cómo proteger su salud a largo plazo», afirma Victor Glover, piloto de la misión.

Además, la tecnología de los chips de órgano podría tener aplicaciones en la Tierra, como el desarrollo de fármacos personalizados o el estudio de enfermedades en entornos controlados. «Estos dispositivos son como laboratorios en miniatura», dice Huh. «Nos permiten probar cómo reaccionan las células de una persona a diferentes condiciones, desde radiación hasta medicamentos».

Con proyectos como AVATAR, la NASA no solo está preparando el regreso a la Luna, sino también allanando el camino para una nueva era de exploración espacial, donde la medicina personalizada y la biotecnología jugarán un papel clave en la protección de los astronautas.

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