El legado de Schumpeter en el siglo XXI

El Premio Nobel de Economía 2024 ha reconocido a tres economistas que han llevado las ideas de Joseph Schumpeter al siglo XXI: Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt. Sus trabajos explican por qué algunas economías logran reinventarse constantemente, mientras otras quedan atrapadas en el pasado. En un mundo donde la tecnología avanza a velocidad vertiginosa, sus contribuciones son más relevantes que nunca.

Mokyr y el secreto del progreso continuo

Joel Mokyr, profesor en Northwestern, ha dedicado su carrera a entender por qué la Revolución Industrial ocurrió en Gran Bretaña y no en otros lugares. Su respuesta es que el país reunió una combinación única: una cultura que valoraba la innovación, emprendedores dispuestos a asumir riesgos, y un sistema que permitía aplicar el conocimiento científico a la producción. Mokyr destaca que, en otros lugares, como China o el Imperio Otomano, los avances tecnológicos existían, pero no había un ecosistema que los hiciera sostenibles.

El caso de la Lex Mercatoria

Un ejemplo fascinante es el de la Lex Mercatoria, un conjunto de normas comerciales que surgió espontáneamente en la Edad Media para regular el comercio internacional. Este sistema, que aún influye en el derecho mercantil, muestra cómo las instituciones pueden emerger sin planificación centralizada, siempre que haya libertad y necesidad. Mokyr argumenta que este tipo de orden espontáneo es esencial para el progreso.

Aghion y Howitt: La innovación como motor del crecimiento

Aghion y Howitt han demostrado que el crecimiento económico depende de la capacidad de destruir lo viejo para crear lo nuevo. Este proceso, que Schumpeter llamó destrucción creativa, es visible en sectores como la tecnología, donde empresas como Apple o Tesla han desplazado a gigantes tradicionales como Nokia o General Motors. Aunque este proceso genera resistencia, es la única forma de mantener el dinamismo económico.

El riesgo de proteger lo obsoleto

Uno de los mayores obstáculos para la innovación, según los Nobel, son los grupos de interés que buscan proteger sus privilegios. Por ejemplo, la industria del taxi ha luchado contra plataformas como Uber en muchas ciudades, usando regulaciones para limitar la competencia. Esto no solo perjudica a los consumidores, sino que frena el progreso al evitar que surjan modelos de negocio más eficientes.

El papel de la cultura y las instituciones

Mokyr insiste en que la cultura es tan importante como la tecnología. Sociedades que celebran el éxito empresarial y toleran el fracaso tienden a innovar más. En cambio, aquellas que castigan el error o desconfían del comercio suelen quedarse atrás. Este punto es clave para entender por qué algunas regiones, como Silicon Valley, se convierten en centros de innovación, mientras otras languidecen.

El Estado: Entre la promoción y el obstáculo

Los tres economistas coinciden en que el Estado puede facilitar o bloquear la innovación. Políticas como la inversión en educación o la protección de la propiedad intelectual son esenciales, pero también lo es evitar el exceso de regulación. Un ejemplo negativo es Venezuela, donde controles de precios y nacionalizaciones han destruido la capacidad innovadora del país.

Lecciones para economías emergentes

Para países en desarrollo, las lecciones de los Nobel son claras: fomentar la competencia, reducir barreras burocráticas y crear una cultura que valore la innovación. Mokyr cita el caso de Israel, que con pocos recursos naturales ha logrado convertirse en una potencia tecnológica gracias a su sistema educativo y su apertura al riesgo.

Conclusión: Innovar o desaparecer

En un mundo cada vez más competitivo, las economías que no adopten las lecciones de Mokyr, Aghion y Howitt riesgo quedarse atrás. La destrucción creativa puede ser dolorosa, pero es el precio del progreso. La pregunta es: ¿Están las sociedades dispuestas a pagar ese precio?


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