La decisión del presidente Donald Trump de boicotear la cumbre del G20 que se celebrará en Sudáfrica en noviembre de 2025 ha generado una ola de críticas y preocupaciones sobre el futuro de la cooperación internacional, pero también ha puesto de manifiesto su estrategia para utilizar la presidencia del G20 en 2026 como una plataforma para promover su agenda de «America First». La cumbre del próximo año está programada para realizarse en el Trump National Doral Miami, un complejo turístico de su propiedad, lo que ha generado controversia debido a los posibles conflictos de interés y al simbolismo político que esto conlleva. Este movimiento no solo refuerza la narrativa de Trump de priorizar los intereses nacionales sobre la cooperación global, sino que también plantea interrogantes sobre cómo Estados Unidos liderará el grupo en un contexto de creciente polarización y tensiones geopolíticas.

La elección de Miami como sede para la cumbre del G20 en 2026 no es casual. Florida es un estado clave en la política estadounidense, y su selección como anfitrión del evento internacional más importante del año tiene un doble propósito: por un lado, refuerza la imagen de Trump como un líder que prioriza los intereses económicos y políticos de Estados Unidos; por otro, le permite promocionar su marca personal y su gestión, en un momento en que se perfila como candidato para las elecciones de 2028. El Trump National Doral Miami, un complejo de lujo que incluye campos de golf, hoteles y centros de convenciones, se convertirá en el epicentro de la diplomacia global durante la cumbre, lo que sin duda beneficiará económicamente a la organización Trump, pero también enviará un mensaje claro sobre el enfoque que el presidente le dará al evento: uno centrado en los negocios, la seguridad y la promoción de los intereses estadounidenses por encima de los acuerdos multilaterales.

La decisión de Trump de no asistir a la cumbre en Sudáfrica ha sido interpretada por muchos analistas como un gesto de desdén hacia el multilateralismo y una señal de que su administración priorizará una agenda nacionalista en el G20 de 2026. Durante su discurso en el America Business Forum (ABF) en Miami, Trump dejó claro que considera que Sudáfrica no merece ser sede de un evento de tal magnitud, argumentando que el país «ni siquiera debería estar en los ‘G’». Estas declaraciones no solo han generado malestar en el gobierno sudafricano, sino que también han sido vistas como un intento de deslegitimar a un miembro clave del grupo, lo que podría afectar la dinámica de las discusiones en la cumbre de 2026. Si Trump mantiene esta postura, es probable que el enfoque del G20 bajo su presidencia se centre en temas como el proteccionismo económico, la seguridad nacional y la lucha contra lo que él percibe como amenazas globales, como el «comunismo» representado por China y Cuba.

El G20 bajo la presidencia de Trump en 2026 podría marcar un cambio significativo en la agenda del grupo. Durante su primer mandato, Trump ya había demostrado su escepticismo hacia los acuerdos multilaterales, como lo demostró su decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático. Es probable que en 2026, su administración continúe con esta línea, minimizando la discusión sobre temas como el cambio climático y priorizando en cambio asuntos como el comercio, la seguridad y la migración, desde una perspectiva nacionalista. Esto podría generar tensiones con otros miembros del G20, especialmente con la Unión Europea y China, que han sido críticos de su enfoque unilateral.

La selección del Trump National Doral Miami como sede de la cumbre también ha generado controversia debido a los posibles conflictos de interés. Muchos observadores han señalado que Trump podría beneficiarse económicamente de la realización del evento en su propiedad, lo que plantea preguntas sobre la ética de esta decisión. Además, el simbolismo de realizar la cumbre en un complejo de lujo propiedad del presidente envía un mensaje sobre el tipo de liderazgo que Trump busca proyectar: uno que combina los negocios con la política y que prioriza los intereses personales y nacionales sobre la cooperación internacional. Este enfoque podría alienar a otros líderes del G20, especialmente a aquellos que ven en el multilateralismo una herramienta esencial para abordar los desafíos globales.

En el contexto de las elecciones de 2028, la cumbre del G20 en Miami podría ser utilizada por Trump como una plataforma para promocionar su gestión y su visión de «America First». Florida, un estado clave en cualquier elección presidencial, podría beneficiarse económicamente del evento, lo que a su vez podría fortalecer el apoyo local a su candidatura. Sin embargo, esta estrategia también conlleva riesgos. Si Trump adopta una postura demasiado confrontativa en la cumbre, podría alienar a aliados clave de Estados Unidos y debilitar la posición del país en el escenario internacional. Además, su enfoque en los negocios y la seguridad podría dejar de lado temas cruciales como el cambio climático y la desigualdad económica, lo que podría ser criticado por otros líderes mundiales y por sectores de la sociedad estadounidense que valoran la cooperación internacional.

En resumen, la decisión de Trump de boicotear la cumbre del G20 en Sudáfrica y su elección de Miami como sede para el evento de 2026 reflejan una estrategia clara: utilizar la presidencia del grupo para promover su agenda nacionalista y reforzar su imagen como un líder que prioriza los intereses de Estados Unidos sobre la cooperación global. Sin embargo, este enfoque también conlleva riesgos significativos, tanto en términos de la posición internacional de Estados Unidos como en el ámbito de la política interna. La cumbre de 2026 será una prueba clave para evaluar cómo Trump equilibra su agenda de «America First» con la necesidad de mantener la cohesión del G20 en un mundo cada vez más interconectado y polarizado.

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