China anunció este domingo que suspenderá por un año la prohibición de exportar galio, germanio y antimonio a Estados Unidos, una decisión que busca aliviar las tensiones comerciales y facilitar el acceso de EE.UU. a metales críticos para su industria tecnológica. La medida, que estará vigente hasta noviembre de 2026, llega tras meses de restricciones que habían generado escasez y aumentos de costos en sectores clave como la fabricación de semiconductores y dispositivos electrónicos.

Los tres metales en cuestión son esenciales para la producción de tecnologías avanzadas. El galio y el germanio, por ejemplo, se utilizan en la fabricación de chips, paneles solares y fibra óptica, mientras que el antimonio es un componente vital en baterías, sistemas de defensa y materiales resistentes al fuego. China, que controla más del 90% de la producción global de estos materiales, había impuesto las restricciones en diciembre de 2024 como parte de una estrategia de presión en su disputa comercial con Washington.

El levantamiento temporal de la prohibición es el resultado de los acuerdos alcanzados entre el presidente chino, Xi Jinping, y Donald Trump, durante su reunión en Corea del Sur. En ese encuentro, ambos líderes acordaron una tregua comercial que incluye la reducción de aranceles y la flexibilización de otras barreras al comercio. La suspensión de las restricciones a estos metales es, por tanto, un gesto de buena voluntad, pero también una herramienta de negociación que Pekín puede utilizar en el futuro.

Aunque la medida es bienvenida por la industria estadounidense, que había sufrido interrupciones en su cadena de suministro, su carácter temporal no resuelve el problema de fondo: la dependencia de EE.UU. de China para el acceso a estos recursos críticos. Analistas advierten que, sin una estrategia de diversificación, el riesgo de nuevas interrupciones persiste, especialmente si las relaciones entre ambos países se deterioran nuevamente.

Este anuncio refleja un cambio de tono en las relaciones comerciales entre China y EE.UU., pero también subraya la fragilidad de los acuerdos alcanzados. Mientras la industria tecnológica celebra el alivio temporal, el desafío a largo plazo sigue siendo la reducción de la dependencia de China en áreas estratégicas. La pregunta ahora es si este gesto de Pekín marcará el inicio de una cooperación más estable o si es solo una pausa en una disputa comercial que sigue latente.

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