El versículo de hoy, Salmos 37:5, contiene una de las promesas más poderosas de la Biblia: «Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará». Estas palabras no son solo un consejo, sino una invitación a vivir con fe y una garantía de que Dios actuará en tu favor.
1. Encomendar: Soltar lo que no es tuyo llevar
«Encomendar» significa dejar algo en manos de otro. Dios nos pide que le entreguemos:
- Nuestros sueños (cuando parecen lejanos).
- Nuestras cargas (cuando el peso es demasiado).
- Nuestras decisiones (cuando no sabemos qué hacer).
No es una entrega pasiva, sino un acto de fe activa, donde reconocemos que Dios tiene el control y sabe lo mejor para nosotros.
2. Confiar: La clave para vencer el miedo
El versículo no se queda en la entrega, sino que añade: «y confía en él». Confiar en Dios implica:
- Dejar de preocuparse por lo que no puedes controlar.
- Creer que Él obra, incluso cuando no ves resultados.
- Descansar en su promesa, sin importar las circunstancias.
La ansiedad nace cuando queremos controlar lo que solo Dios puede resolver. Confiar es soltar esa necesidad y dejar que Él actúe.
3. «Y él hará»: La promesa que no falla
La parte más poderosa del versículo es la promesa: «y él hará». No es un «tal vez» o un «ojalá», sino una garantía divina. Cuando encomendamos nuestro camino a Dios:
- Él abre puertas que parecían cerradas.
- Él cierra caminos que nos harían daño.
- Él transforma lo imposible en posible.
- Él actúa en el momento perfecto, no en el nuestro.
¿Cómo aplicar esto hoy?
Muchas veces cargamos con:
- Problemas económicos (¿cómo pagar las cuentas?).
- Relaciones rotas (¿cómo restaurar lo que se perdió?).
- Enfermedades o dolores (¿cuándo vendrá la sanidad?).
- Incertidumbre (¿qué depara el futuro?).
Pero Dios nos dice: «No lleves esa carga solo. Encomiéndamela. Yo me encargaré».
Hoy, puedes:
- Escribir en un papel lo que te preocupa y entregárselo a Dios en oración.
- Dejar de lado la ansiedad y confiar en que Él obrará a tu favor.
- Esperar con paz, sabiendo que Dios cumple sus promesas.
Cuando lo haces, experimentas algo sobrenatural: la paz de Dios (Filipenses 4:7). Porque Él no solo promete actuar, Él ya está obrando en lo que no ves.