Durante más de una década, los científicos creyeron que Fomalhaut b era un exoplaneta único, pero el telescopio Hubble de la NASA acaba de demostrar que era un espejismo: en realidad, se trataba de dos colisiones gigantes entre planetesimales, cuyas nubes de escombros brillantes simularon la presencia de un planeta. Este descubrimiento, publicado en Science, expone los desafíos de identificar mundos distantes y revela la violencia de los sistemas estelares jóvenes.
El caso de Fomalhaut b En 2008, el Hubble detectó un punto luminoso cerca de Fomalhaut, una estrella rodeada por un cinturón de escombros 100 veces más masivo que el de Kuiper. Los astrónomos lo clasificaron como un posible planeta, pero su desaparición en 2023 y la aparición de Fomalhaut cs2 cambiaron todo. El análisis confirmó que ambos objetos eran nubes de polvo de colisiones entre cuerpos rocosos de hasta 60 km de diámetro.
Lecciones del descubrimiento
- Riesgo de falsos exoplanetas: Las nubes de escombros pueden reflejar luz estelar y parecer planetas, lo que obliga a mejorar los métodos de detección.
- Frecuencia de colisiones: En Fomalhaut, estos eventos son más comunes de lo esperado, con dos choques observados en solo 20 años.
- Importancia para la Tierra: Estudiar estos procesos ayuda a entender cómo se formaron los planetas rocosos, incluyendo la Tierra.
Próximos pasos Los investigadores usarán el James Webb para analizar Fomalhaut cs2 y determinar si los escombros contienen agua, hielo o compuestos orgánicos. «Este sistema es un laboratorio natural para estudiar la infancia de los planetas», afirmó Mark Wyatt, coautor del estudio.
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