El próximo jueves, el presidente Donald Trump recibirá en la Casa Blanca a María Corina Machado, la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025. Este encuentro, programado tras la captura de Nicolás Maduro y en medio de negociaciones con el gobierno interino de Caracas, representa un momento clave en la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela. Aunque Trump ha optado por reconocer a Delcy Rodríguez como presidenta interina, la visita de Machado subraya la importancia de su voz en el escenario internacional.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha reiterado que la administración Trump ha realizado una «evaluación realista» de la situación en Venezuela, priorizando la cooperación con Rodríguez para garantizar la estabilidad y el flujo de recursos energéticos. No obstante, la reunión con Machado podría ser interpretada como un reconocimiento a su liderazgo moral y a su lucha por la democracia, especialmente tras su reciente gira por Europa y su audiencia con el Papa León XIV.

Machado ha sido clara en su intención de compartir su Premio Nobel con Trump, un gesto que, aunque simbólico, refuerza su posición como figura central en la oposición venezolana. Trump, quien ha expresado su deseo de recibir el galardón, podría utilizar este encuentro para proyectar una imagen de apoyo a la democracia, sin ceder en su estrategia de control sobre los recursos venezolanos.

El contexto regional también es determinante. Con Venezuela en una encrucijada política, la reunión entre Trump y Machado podría enviar señales a otros actores internacionales sobre el compromiso de Estados Unidos con una transición ordenada. Sin embargo, cualquier cambio en la postura de Washington dependerá de cómo evolucionen las negociaciones con Rodríguez y de la capacidad de Machado para movilizar apoyo interno y externo.


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