En un acto cargado de simbolismo y emoción, el presidente Luis Abinader encabezó este sábado la ceremonia en la que la Avenida Ecológica de Santo Domingo Este pasó a llamarse oficialmente Avenida José Francisco Peña Gómez, un homenaje póstumo a uno de los líderes políticos más carismáticos y trascendentales de la República Dominicana. La actividad, que reunió a autoridades, familiares y seguidores del extinto dirigente, no solo rindió tributo a su memoria, sino que reavivó el debate sobre cómo se honra a las figuras históricas en un país donde la política y la identidad nacional están profundamente entrelazadas.
El evento, organizado por la Fundación José Francisco Peña Gómez con el apoyo del gobierno, incluyó la develación de una placa conmemorativa y discursos que destacaron el legado de Peña Gómez como defensor de los derechos sociales, la justicia y la democracia. El presidente Abinader, en sus palabras, subrayó que este reconocimiento va más allá de un simple cambio de nombre: «Honrar a Peña Gómez es reafirmar nuestro compromiso con los valores que él defendió: la inclusión, la lucha contra la pobreza y un desarrollo que beneficie a todos los dominicanos». Sin embargo, el acto también generó críticas, especialmente entre quienes cuestionan si este tipo de homenajes son una forma de populismo político o un verdadero reconocimiento a su contribución histórica.
Peña Gómez, quien fuera líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y candidato presidencial en tres ocasiones, sigue siendo una figura polarizante. Para sus seguidores, fue un gigante de la democracia, un orador brillante que movilizó a multitudes y defendió a los más vulnerables. Sus detractores, en cambio, señalan su origen haitiano —aunque fue adoptado por una familia dominicana— y su estilo confrontativo como razones para limitar los homenajes en su honor. Sin embargo, su influencia trasciende las divisiones partidistas. Como señaló el alcalde de Santo Domingo Este, Dio Astacio, durante el acto: «Peña Gómez no fue solo un político; fue un símbolo de esperanza para quienes no tenían voz. Su nombre en esta avenida es un recordatorio diario de que la justicia social debe ser el centro de nuestra acción pública».
El debate sobre este homenaje refleja tensiones más profundas en la sociedad dominicana. Mientras algunos celebran que finalmente se reconozca a una figura que luchó por los derechos de los marginados, otros cuestionan por qué no se invierten esos recursos en obras nuevas que beneficien a la comunidad, en lugar de renombrar infraestructuras ya existentes. Además, hay quienes comparan este reconocimiento con el dado a otros líderes históricos, como Joaquín Balaguer o Juan Bosch, cuyas contribuciones a la nación también merecen ser recordadas con la misma intensidad.
Más allá de las polémicas, lo cierto es que Peña Gómez sigue siendo un referente para muchas generaciones. Su capacidad para conectar con las masas, su defensa de los derechos humanos y su visión de un país más justo e inclusivo lo convierten en una figura cuya memoria perdura en el imaginario colectivo. Como expresó Tony Peña Guaba, vicepresidente de la fundación que lleva su nombre: «Este no es solo un homenaje a un hombre, es un compromiso con los ideales que él representó: un país donde nadie se quede atrás».
El acto de este sábado, aunque simbólico, reafirma que el legado de Peña Gómez sigue vivo, no solo en los discursos y los monumentos, sino en la lucha constante por una República Dominicana más equitativa. Sin embargo, también plantea preguntas incómodas sobre cómo se construye la memoria histórica en un país donde el pasado y el presente a menudo chocan. ¿Hasta dónde debe llegar el reconocimiento a las figuras políticas? ¿Cómo se equilibra el homenaje con la necesidad de mirar hacia adelante? Estas son preguntas que, más allá de la Avenida José Francisco Peña Gómez, seguirán resonando en el debate público dominicano.