El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha desatado una polémica nacional tras grabar un vídeo polémico en el que celebraba el «Día de los Impuestos» frente al edificio donde reside Ken Griffin, el CEO de Citadel y uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. En el vídeo, Mamdani señaló a Griffin como un ejemplo de las personas a las que aumentaría los impuestos para financiar los servicios públicos prometidos durante su campaña. Este gesto, que muchos interpretaron como un ataque a los empresarios, ha tenido consecuencias económicas inmediatas para la ciudad.
El perfil de Zohran Mamdani: De socialista de salón a alcalde de Nueva York
Zohran Mamdani, de 34 años, es el alcalde más joven de Nueva York desde 1892 y el primero musulmán en ocupar el cargo. Miembro de la Asamblea Estatal de Nueva York por el 36.º distrito desde 2021, Mamdani es conocido por su retórica de izquierda radical y su pertenencia al Partido Demócrata y a la organización Socialistas Democráticos de América. Sin embargo, su origen privilegiado —es hijo de la cineasta Mira Nair y del profesor de Columbia Mahmood Mamdani— ha llevado a algunos a tacharlo de «socialista de salón», un término que describe a quienes defienden ideas progresistas pero viven en la élite.
Su postura antiisraelí también ha generado controversia, especialmente por su apoyo al eslogan «Globalizar la Intifada», que muchos ven como un llamado a la violencia contra los judíos. En las redes sociales, su victoria como alcalde ha sido recibida con división de opiniones, y muchos neoyorquinos lo ven como una figura polarizante.
La reacción de Ken Griffin: Un proyecto de US$6,000 millones en riesgo
El vídeo de Mamdani no cayó bien en Ken Griffin, quien lo calificó de «muy mal gusto» en una entrevista con CNBC. Como respuesta, Griffin ha decidido paralizar un proyecto de US$6,000 millones que su empresa, Citadel, planeaba desarrollar en Nueva York. En su lugar, la compañía solicitará una licencia al Ayuntamiento de Miami para trasladar el proyecto a esa ciudad.
Griffin explicó: «En respuesta a lo ocurrido en Nueva York, hemos solicitado una licencia al Ayuntamiento de Miami. Hemos añadido varios cientos de miles de metros cuadrados de espacio nuevo en nuestro nuevo edificio. Crearemos muchos más puestos de trabajo en Miami durante la próxima década como consecuencia inmediata y directa de la mala decisión del alcalde, en relación con la publicación de ese vídeo».
El proyecto en Nueva York, que según Citadel generaría más de 15,000 empleos, ahora está en serio peligro. Griffin también criticó la política fiscal de Mamdani, afirmando que «lo que la ciudad de Nueva York y el Estado de Nueva York necesitan ahora mismo es un Gobierno que se enfrente a esa administración inflada y derrochadora que supone una carga increíble para la vida de todos los neoyorquinos».
El cambio de tono de Mamdani: De crítico a elogioso
Ante la reacción de Griffin y el riesgo económico que representa para Nueva York la pérdida de este proyecto, la administración de Mamdani ha suavizado su discurso. A través de su secretario de prensa, el alcalde ha declarado que «quiere que todos los neoyorquinos tengan éxito. Esto incluye también a los empresarios y emprendedores que crean puestos de trabajo bien remunerados y convierten esta ciudad en motor económico de Estados Unidos. También incluye a Ken Griffin, que es uno de los principales empleadores de nuestra ciudad y una figura influyente en nuestra economía».
Sin embargo, el comunicado también mantiene su crítica al sistema fiscal: «Eso no niega el hecho de que nuestro sistema fiscal está fundamentalmente desequilibrado. Premia la riqueza extrema mientras que la clase trabajadora se ve abocada al límite».
¿Qué significa esto para Nueva York?
El caso de Mamdani y Griffin ha abierto un debate sobre el futuro económico de Nueva York. Mientras algunos apoyan al alcalde por su valentía al desafiar a los poderosos, otros critican su enfoque, argumentando que ahuyentar a los inversores podría llevar a la ciudad a una crisis económica. El vídeo de Mamdani ha sido interpretado por muchos como una «bofetada a la memoria de los 2,753 muertos del 11-S», un recordatorio de que Nueva York ya ha enfrentado desafíos económicos graves en el pasado y que no puede permitirse perder inversiones clave.
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