En 2015, lo que comenzó como una broma en Canadá se transformó en un negocio real: vender aire fresco embotellado. Moses Lam y Troy Paquette subieron una bolsa con aire fresco a eBay como una curiosidad, pero cuando una de las bolsas alcanzó los 168 dólares canadienses en una puja, decidieron convertir la idea en un producto comercial. Así nació Vitality Air, una empresa que comenzó a vender aire de Alberta en recipientes diseñados para que los compradores pudieran inhalarlo. El negocio creció rápidamente gracias a la contaminación en grandes ciudades, y en poco tiempo, la compañía recibió un pedido de 5,000 recipientes desde China. Pronto, surgieron compradores en Pekín, Nueva Delhi y otras ciudades con altos niveles de polución.

La idea no se quedó solo en Canadá. En Reino Unido, se vendieron recipientes con aire de zonas rurales de Somerset, Gales y Dorset por 80 libras esterlinas a compradores en China. Incluso en China surgieron iniciativas similares, como una campaña que vendió millones de latas de aire como parte de una estrategia vinculada a la contaminación. Aunque en redes sociales se ha difundido la historia de una mujer que habría recaudado 8 millones de dólares con este negocio, no hay fuentes confiables que respalden esta cifra. Es probable que esta versión surgiera de confundir los 8 millones de latas vendidas con 8 millones de dólares.

Lo más revelador de esta historia es que demuestra cómo algo tan abundante como el aire puede convertirse en un producto de valor cuando se ofrece a personas que viven en ciudades donde respirar aire limpio es un problema cotidiano. Este negocio refleja una realidad alarmante: la contaminación atmosférica ha llegado a un nivel en el que el aire fresco se ha convertido en un artículo de lujo para quienes pueden permitírselo.


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