Triplicar una inversión suena maravilloso. El problema es que precisamente ese deseo de obtener grandes beneficios rápidamente puede convertirse en una de las principales razones por las que una persona termina perdiendo sus ahorros.
Antes de aprender a multiplicar el dinero, debemos aprender a conservarlo.
Una persona puede aumentar considerablemente sus ingresos y continuar teniendo problemas financieros si sus gastos aumentan al mismo ritmo. Ganar más ayuda, pero administrar correctamente lo ganado es lo que permite construir capital.
Por eso conviene establecer prioridades. Primero están las necesidades básicas y obligaciones. Después, una reserva para situaciones inesperadas. Finalmente puede establecerse una cantidad destinada a inversión y crecimiento.
Ese dinero de inversión tampoco debería colocarse automáticamente en la primera oportunidad que aparezca. Una buena pregunta antes de invertir es sencilla: ¿entiendo realmente de dónde saldrá mi ganancia?
Si la respuesta no está clara, probablemente todavía necesitemos investigar.
Esto resulta especialmente importante ante negocios o inversiones que prometen duplicar o triplicar el capital en períodos extraordinariamente cortos. No significa que obtener grandes rendimientos sea imposible, pero generalmente existe una relación entre rentabilidad y riesgo: aspirar a ganancias extraordinarias puede implicar asumir posibilidades de pérdida igualmente importantes.
Construir patrimonio requiere paciencia. Una inversión pequeña que genera beneficios, permite reinvertir y continúa creciendo durante años puede terminar siendo mucho más importante que perseguir constantemente la próxima oportunidad espectacular.
El objetivo debería ser llegar al punto en que nuestro dinero produzca más dinero sin poner en peligro todo lo que hemos necesitado años para construir.
Primero aprende a conservar. Después aprende a invertir. Y solamente entonces concéntrate en multiplicar.