La Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963 es clara en su artículo 5: el cónsul debe proteger los intereses de sus nacionales, visitarlos si están detenidos, velar por el debido proceso, asegurarse de que no sean víctimas de abuso. No es un favor. Es una obligación de derecho internacional. Y es una obligación moral. Un cónsul no es un gestor de pasaportes: es el abogado de último recurso cuando el Estado que te acoge te apunta con un arma.
Cuando México tiene un incidente similar, su consulado aparece en dos horas con abogados, con la red de apoyo, con una denuncia pública. Cuando Ecuador o Colombia tienen un caso de brutalidad, su embajada pide explicaciones formales. Nosotros, que tenemos 2.5 millones de dominicanos en Estados Unidos, que aportamos más de 10 mil millones de dólares en remesas al año, actuamos como si nuestros migrantes fueran huérfanos de patria.
Este no es un hecho aislado. Es un patrón. En la frontera, dominicanos detenidos en Arizona y Texas duran semanas sin contacto consular. En las cámaras, el consulado de Nueva York tiene lista de espera de tres meses para asistencia legal básica, pero abre sábados y domingos para fotos y discursos. En la muerte, cuando un dominicano muere a manos de la policía, el consulado llega al velorio, no a la comisaría.
Nos hemos acostumbrado a un modelo consular de «cónsul influencer»: bueno para la foto con el presidente en la ONU, para el cafecito comunitario, para cortar cintas en Brooklyn, pero invisible cuando hay sangre dominicana en el pavimento del Bronx.
Oscar Belgal puede tener antecedentes —el DHS los alega—, puede estar indocumentado. Eso no le quita su derecho a la vida, a no recibir siete tiros delante de su hijo, y a que su país lo defienda. Porque si solo defendemos a los dominicanos «buenos y con papeles», no estamos defendiendo la nacionalidad, estamos haciendo relaciones públicas.
La comunidad dominicana en Nueva York no necesita otro operativo de pasaportes. Necesita saber que si un agente de ICE le dispara, su bandera va a aparecer en la puerta del hospital. Hoy, esa bandera no apareció.
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