Un cúmulo de reportajes demoledores

Desde finales de septiembre, The Wall Street Journal ha ido destapando, artículo tras artículo, un catálogo de supuestas inconductas de Kimberly Guilfoyle al frente de la embajada estadounidense en Atenas. El primer reportaje reveló que la diplomática habría dicho a invitados de una recepción que Estados Unidos podría socavar al gobierno griego si así lo decidía, además de promover los intereses comerciales de una empresa helena de construcción y energía y de permitir que un lobista ingresara a reuniones diplomáticas reservadas (CNBC).

El supuesto quid pro quo

Uno de los señalamientos más graves involucra a un donante del trumpismo: según mensajes de texto citados por el Journal, Guilfoyle le habría pedido cubrir una factura de tarjeta de crédito de 100,000 dólares justo antes de su audiencia de confirmación, prometiéndole a cambio acceso a funcionarios de alto nivel de la administración. El donante, identified en reportes posteriores como Nick Deters, calificó el asunto como «todo un quid pro quo»; los abogados de la embajadora cuestionaron la autenticidad de esos mensajes (ABC News, Al Jazeera).

Lujo, Davos y magnates griegos

Otro reporte apuntó que Guilfoyle se habría enfurecido por no recibir invitación a un evento de temática griega en el Foro Económico Mundial de Davos, y que habría presumido de sus vínculos con dos magnates helénicos y de viajes de lujo a Francia con ejecutivos energéticos mientras gestionaba su asistencia a una cena privada para Eric Trump (MS Now, CNBC). El tabloide británico Daily Mail añadió que la diplomática habría alienado al personal de la embajada con su comportamiento.

La defensa legal

Sus abogados, David Schwartz y Jesse Binnall, rechazaron de plano las acusaciones. Sostuvieron que el dinero solicitado al donante correspondía a pagos pendientes por servicios de apariciones públicas y conferencias anteriores a su nominación, y que en cada vuelo privado ella «solicitó, obtuvo y siguió la orientación del Departamento de Estado», cumpliendo con las normas de viaje oficiales (ABC7 NY).

La gota que colmó el vaso

La acumulación de reportes precipitó la ruptura: Trump y el secretario de Estado Marco Rubio estaban «extremadamente furiosos», según un funcionario citado por AP, y la Casa Blanca terminó pidiendo la renuncia, que Guilfoyle hizo efectiva este martes negando toda falta. El inspector general del Departamento de Estado revisa las denuncias, aunque se desconoce si existe una investigación formal abierta (AP News, NBC News).

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