El regreso de Miley Cyrus a los grandes escenarios tenía todos los ingredientes para ser histórico, y lo fue, aunque no solo por la música. En su primer gran concierto como cabeza de cartel en casi cuatro años —primera de dos fechas en el Hollywood Bowl de Los Ángeles—, la cantante se quebró en llanto al recordar a su madrina Dolly Parton, fallecida el 25 de agosto a los 80 años tras una batalla contra el cáncer.
El momento cumbre llegó con «Jolene», el clásico de 1974 que Parton convirtió en himno del country. Con una imagen de la desaparecida artista proyectada en las pantallas del recinto, Cyrus interpretó el tema con el corazón en la mano, mientras el público coreaba con ella.
La única vez que la vio actuar
Antes de la canción, la ganadora del Grammy reveló al público que solo había visto actuar en vivo a su madrina una vez en toda su vida, y que fue precisamente en el Hollywood Bowl. En aquel show, Parton cantó «The Best of Both Worlds», el tema de «Hannah Montana», la serie de Disney que lanzó a la fama a su ahijada, y señaló que Cyrus se encontraba entre el público.
«Dolly y yo, somos eternas. Nada en esta vida podría separarnos jamás», expresó la artista, que confesó cuánto extrañaba a su madrina y su deseo de volver a verla.
Un vínculo de familia, pantalla y música
La relación entre ambas fue mucho más que un lazo de padrinazgo. Parton fue amiga cercana de Billy Ray Cyrus, el padre de Miley; apareció en «Hannah Montana» interpretando a la tía Dolly, personaje inspirado en su relación con la protagonista; y compartió colaboraciones musicales con su ahijada, entre ellas «Rainbowland» (2017) y varias versiones conjuntas de «Jolene». El concierto formó parte de la presentación de «Bass Persuades», el décimo álbum de estudio de Cyrus, con un setlist que incluyó éxitos como «Flowers», «Wrecking Ball» y «Party in the U.S.A.».
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