Por: Eddy Tolentino

Santo Domingo. En un acto sin precedentes en la historia política contemporánea de la República Dominicana, el presidente Luis Abinader, junto a los exmandatarios Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina, han unido sus voces y liderazgo para solicitar formalmente al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una intervención más sólida, efectiva y urgente en la República de Haití. El objetivo: evitar el colapso total de un Estado que agoniza entre el caos, la violencia y la falta de gobernabilidad, poniendo en riesgo no solo su propio futuro, sino también la estabilidad de toda la región del Caribe.

Una causa nacional con visión internacional

Mediante el envío de cartas oficiales dirigidas a jefes de Estado y de Gobierno de países estratégicos —incluyendo miembros permanentes y no permanentes del Consejo de Seguridad— los líderes dominicanos respaldan de manera unificada la propuesta presentada por el secretario general de la ONU, António Guterres, para convertir la actual Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) en Haití en una misión híbrida, es decir, una operación de paz con mayor alcance, coordinación y respaldo estructural de las Naciones Unidas.

Esta acción coordinada entre el liderazgo activo y los expresidentes refleja una **madurez política y un patriotismo superior, colocando los intereses nacionales y regionales por encima de las diferencias partidarias. El consenso también envía un poderoso mensaje al mundo: la República Dominicana no será indiferente ante la tragedia humana que consume a su vecino y está dispuesta a liderar soluciones constructivas desde el plano diplomático.

 Haití: una nación al borde del abismo

Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental, enfrenta actualmente una de las peores crisis de su historia moderna. Con una población que supera los 12 millones de habitantes, el país ha quedado prácticamente secuestrado por bandas armadas que controlan vastos territorios, incluidos sectores de la capital, Puerto Príncipe. La falta de un gobierno funcional, el colapso de las instituciones democráticas, el deterioro económico y la violencia desenfrenada han generado una crisis humanitaria sin precedentes.

La Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, liderada inicialmente por Kenia, ha enfrentado importantes desafíos operativos y de coordinación, y no ha logrado responder con la contundencia que exige la gravedad de la situación haitiana. Es por eso que la propuesta dominicana busca elevar la categoría de la intervención para que cuente con el respaldo logístico, administrativo y político pleno de la ONU, lo cual podría facilitar recursos, tropas, coordinación interagencial y una mayor legitimidad internacional.

Una solicitud directa al corazón del poder mundial

El vocero de la Presidencia, Homero Figueroa, explicó que las cartas enviadas por los líderes dominicanos no son meros gestos simbólicos, sino acciones diplomáticas cuidadosamente diseñadas para incidir directamente en la toma de decisiones del Consejo de Seguridad. “El actual diseño de la MSS no responde con la urgencia y solidez que exige la situación”, puntualizó Figueroa, al tiempo que subrayó que el deterioro continuo de la seguridad en Haití podría tener efectos de desestabilización regional, incluyendo una migración masiva hacia suelo dominicano, el Caribe y otras partes del continente.

Las misivas alertan además sobre el crecimiento incontrolable de grupos armados, muchos de ellos con capacidad militar que supera incluso a las fuerzas policiales haitianas, y que han impuesto un clima de terror en barrios enteros, cerrando escuelas, atacando hospitales, destruyendo infraestructuras y desplazando a miles de personas.

El momento exige grandeza y cooperación internacional

El respaldo a la propuesta de António Guterres busca no solo frenar el colapso del Estado haitiano, sino también sentar las bases para una reconstrucción integral, que incluya ayuda humanitaria, reformas institucionales, elecciones libres y la recuperación de la economía nacional.

Con esta iniciativa, la República Dominicana se coloca como una voz moral y estratégica en el escenario internacional. asumiendo con responsabilidad su rol en la región y llamando a la comunidad internacional a actuar antes de que la tragedia sea irreversible.

Conclusión

La situación en Haití exige una respuesta urgente, firme y coordinada. Y hoy, la República Dominicana —a través de sus líderes del pasado y del presente— ha dado un paso de madurez política y visión internacional que podría cambiar el rumbo de los acontecimientos.

La historia juzgará este gesto no solo como un acto de solidaridad vecinal, sino como un modelo de cómo los pueblos pueden liderar desde el respeto, la unidad y el compromiso humano.

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