Recibir un diagnóstico de cáncer a menudo viene acompañado de una avalancha de consejos nutricionales no solicitados. Desde evitar el azúcar hasta tomar suplementos en exceso, la desinformación puede ser peligrosa. Es crucial basar la alimentación en evidencia científica para apoyar el tratamiento y la recuperación.
Uno de los principales desafíos es mantener la masa muscular durante el tratamiento oncológico. Esto se logra con una ingesta adecuada de proteínas, adaptada al peso y tipo de cáncer. Se recomienda entre 1.2 y 2.0 gramos de proteína por kilo de peso al día. Eliminar los carbohidratos por completo es un error, ya que son esenciales para el funcionamiento de las células sanas.
Los suplementos y antioxidantes deben ser manejados con cuidado, ya que pueden interferir con los tratamientos. La clave es una alimentación balanceada, con suficientes proteínas, carbohidratos complejos y grasas saludables, siempre bajo la supervisión de un profesional. Según L.J. Amaral, «When you have a cancer with a poor prognosis and limited options, you’re more willing to quite literally throw the kitchen sink at it to get either a better quality of life or more quantity of life» (Let’s Win Pancreatic Cancer, 2025).
Además, es importante destacar que la nutrición no cura el cáncer, pero una mala nutrición puede hacer que los tratamientos sean menos efectivos. Por eso, la alimentación debe ser individualizada y guiada por ciencia, no por miedo. La nutrición oncológica debe enfocarse en proteínas de alta calidad, carbohidratos complejos y grasas saludables.