Hace un año, mi negocio estaba al borde de la quiebra. Las noches eran un ciclo de Excel, lágrimas y café frío. Hasta que una mañana, rendido, abrí la Biblia y leí: «Encomienda a Jehová tu camino…». Pero ¿cómo encomendar algo que yo había arruinado?
El error que todos cometemos Creía que «encomendar» era decirle a Dios mis problemas y seguir estresándome. Pero el versículo exige más: soltar. Así que hice algo radical:
- Escribí en un papel lo que me aterrorizaba (deudas, clientes perdidos).
- Lo quemé en oración, simbolizando que ya no era mío.
- Esperé… sin revisar el correo cada 5 minutos.
El «Él hará» en acción
- Un cliente cancelado me llamó para un proyecto mayor.
- Un mentor apareció justo cuando lo necesitaba.
- Aprendí que Dios no evita las tormentas, pero calma las olas (Marcos 4:39).
🔹 Para ti que lees esto: Si hoy sientes que todo depende de ti, detente. Dios no es tu último recurso; es tu primera garantía.
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