Un equipo de científicos internacionales ha logrado, por primera vez, identificar y medir los grupos de proteínas en el cerebro que actúan como detonantes del Párkinson. El estudio, publicado en la revista Nature Biomedical Engineering, utiliza una técnica revolucionaria para analizar oligómeros de alfa-sinucleína, estructuras tan pequeñas que hasta ahora habían sido imposibles de detectar en tejido cerebral humano. Este avance es clave para entender una enfermedad que, según la Organización Mundial de la Salud, afectará a 25 millones de personas en 2050. El Párkinson, que se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina, es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después del Alzheimer, y su incidencia sigue en aumento debido al envejecimiento de la población global.

Los investigadores, liderados por instituciones como la Universidad de Cambridge, el University College London y el Instituto Francis Crick, desarrollaron un método innovador llamado ASA-PD (Advanced Sensing of Aggregates for Parkinson’s Disease). Esta técnica combina microscopía de fluorescencia de ultra alta sensibilidad con algoritmos avanzados para reducir el «ruido» generado por otros componentes biológicos, permitiendo así detectar señales que antes eran indetectables. «Hemos diseñado instrumentos capaces de captar señales diminutas, como buscar una aguja en un pajar», explicó Steven F. Lee, autor principal del estudio. Gracias a esta herramienta, los científicos pudieron analizar millones de oligómeros en muestras de cerebro de pacientes fallecidos, algo que hasta ahora era imposible.

El estudio reveló que los oligómeros de alfa-sinucleína están presentes tanto en cerebros sanos como en aquellos con Párkinson. Sin embargo, en los pacientes con la enfermedad, estos agregados proteicos son más grandes, más numerosos y emiten mayor fluorescencia. Además, los científicos identificaron una subclase de oligómeros que solo aparece en cerebros con Párkinson, lo que sugiere que podrían ser los primeros marcadores visibles de la enfermedad, posiblemente años antes de que se manifiesten los síntomas. Este hallazgo es especialmente relevante porque podría permitir detectar el Párkinson en sus etapas iniciales, cuando las intervenciones terapéuticas podrían ser más efectivas.

Durante décadas, el diagnóstico del Párkinson se ha basado en la presencia de cuerpos de Lewy, grandes depósitos de proteínas que aparecen en etapas tardías de la enfermedad. Sin embargo, este nuevo enfoque permite estudiar la patología en sus fases iniciales, lo que es esencial para desarrollar terapias que modifiquen el curso de la enfermedad. «Los cuerpos de Lewy nos dicen dónde ha estado la enfermedad, no dónde está ahora», aclaró Lee. La capacidad de detectar oligómeros en etapas tempranas podría cambiar radicalmente el enfoque del tratamiento, permitiendo intervenciones antes de que el daño cerebral sea irreversible.

Aunque este descubrimiento no representa una cura para el Párkinson, sí sienta las bases para nuevas estrategias terapéuticas y métodos de diagnóstico precoz. Los científicos ya trabajan en adaptar la técnica ASA-PD para su uso en pacientes vivos, lo que podría permitir identificar la enfermedad en sus primeras etapas y diseñar tratamientos personalizados. «Es un avance técnico muy relevante, aunque su aplicación clínica aún requiere más investigación», concluyó Michele Matarazzo, neurólogo del Centro Integral de Neurociencias HM Cinac. Este hallazgo no solo ofrece esperanza para los pacientes con Párkinson, sino que también podría aplicarse al estudio de otras enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).


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