El Departamento de Salud del Estado de Nueva York confirmó este martes el primer caso local de chikungunya en el condado de Nassau, Long Island, un evento que no se registraba en Estados Unidos desde 2019. El paciente, un residente de la zona, contrajo el virus a través de la picadura de un mosquito infectado en agosto de 2025, sin haber viajado fuera del país en las semanas previas. Aunque las autoridades no han revelado detalles sobre su identidad o el lugar exacto de la infección, el hallazgo ha encendido las alarmas en una región donde el mosquito Aedes albopictus —vector del virus— es común durante los meses cálidos. El comisionado de Salud, James McDonald, tranquilizó a la población al señalar que el riesgo de transmisión es bajo debido a la disminución de la actividad de los mosquitos en otoño, pero advirtió que se mantendrá una vigilancia estrecha para prevenir nuevos casos.

El chikungunya es una enfermedad viral que se caracteriza por fiebre alta, dolor articular debilitante y erupciones cutáneas, síntomas que pueden persistir durante semanas o incluso meses. Aunque no es mortal en la mayoría de los casos, puede ser especialmente peligroso para recién nacidos, adultos mayores y personas con condiciones crónicas como diabetes o hipertensión. El virus, cuyo nombre significa «el que se encorva» en un dialecto africano, se transmite principalmente a través de los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, los mismos que propagan el dengue y el zika. En Estados Unidos, estas especies se encuentran en el sur y este del país, incluyendo áreas suburbanas de Nueva York durante la temporada de calor. Sin embargo, a diferencia de otras enfermedades transmitidas por mosquitos, el chikungunya no se contagia de persona a persona, sino exclusivamente a través de la picadura de un insecto infectado.

Las autoridades sanitarias han intensificado las medidas de prevención en el condado de Nassau, donde se detectó el caso, y recomiendan a los residentes adoptar precauciones como el uso de repelentes con DEET, vestir ropa que cubra brazos y piernas, y eliminar cualquier recipiente con agua estancada, que sirve como criadero para los mosquitos. Aunque el riesgo actual es bajo, los expertos advierten que el cambio climático podría estar facilitando la expansión de estos vectores hacia latitudes más altas, como el noreste de EE.UU. «Este caso aislado no debe generar pánico, pero sí concienciación«, declaró McDonald, quien recordó que en 2013 y 2014 se registró un brote significativo de chikungunya en el Caribe y el sur de Estados Unidos, afectando a miles de personas.

El último registro de un caso local de chikungunya en EE.UU. data de 2019, aunque este año se han reportado tres casos importados en Nueva York, todos vinculados a viajes a regiones endémicas como el Caribe y América Central. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) mantienen una red de vigilancia para detectar casos importados y prevenir la transmisión local, pero el hallazgo en Long Island representa un punto de inflexión, ya que confirma que el virus puede circular localmente bajo ciertas condiciones. Los expertos subrayan que, aunque el riesgo actual es mínimo, la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para evitar futuros contagios.

A pesar de la confirmación del caso, las autoridades descartan un brote y aseguran que la situación está bajo control. Sin embargo, el evento ha puesto en evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia y la colaboración entre agencias de salud pública para responder rápidamente a posibles nuevos focos de infección. Mientras las temperaturas comienzan a descender en Nueva York, se espera que la actividad de los mosquitos disminuya, reduciendo el riesgo de transmisión. No obstante, los funcionarios de salud insisten en que los residentes no deben subestimar la importancia de las medidas preventivas, especialmente en un escenario donde el calentamiento global podría alterar los patrones tradicionales de enfermedades transmitidas por vectores.

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