La desaparición de Rhony Ramos, un padre dominicano de 29 años, ha puesto en evidencia los vacíos en los protocolos de búsqueda del NYPD y la importancia de la organización comunitaria en casos de personas desaparecidas. Ramos, residente de Washington Heights, desapareció el 28 de noviembre mientras se dirigía a su trabajo en el Lower East Side, un trayecto que realizaba diariamente sin contratiempos.
Según datos recabados, Ramos abordó el tren A esa mañana, pero nunca llegó a su destino. Su teléfono, que solía mantener encendido, estaba apagado desde la 1:00 p.m., lo que activó las alarmas en su familia. Desde entonces, su hermano Freddie ha liderado una campaña de búsqueda que incluye la distribución de volantes en barrios como Pelham Parkway, Fordham y Yankee Stadium, así como la organización de vigilias comunitarias.
El congresista Adriano Espaillat, quien ha acompañado a la familia en conferencias de prensa, ha criticado la falta de avances por parte del cuartel 33 del NYPD. «Las autoridades no están haciendo lo suficiente», declaró Espaillat, instando a redoblar los esfuerzos para encontrar a Ramos. La comunidad dominicana, por su parte, ha respondido con solidaridad, organizando cadenas de oración y utilizando las redes sociales para difundir su caso.
Este caso no es aislado. Según estadísticas, las desapariciones en comunidades migrantes suelen enfrentar desafíos adicionales, como barreras lingüísticas y desconfianza hacia las autoridades. La historia de Rhony Ramos subraya la necesidad de mejorar la coordinación entre el NYPD y las comunidades, especialmente en zonas con alta población migrante como el Alto Manhattan.