Si tu cuerpo pide magnesio, conviene escucharlo. Tomar magnesio todos los días contribuye a mantener funciones esenciales del organismo —del rendimiento muscular a la regulación del sistema nervioso—, y corregir una deficiencia del mineral puede ser la clave para evitar síntomas tan comunes como fatiga, debilidad, pérdida de apetito y calambres. La ciencia respalda su importancia: según MedlinePlus, el magnesio participa en más de 300 reacciones bioquímicas que contribuyen al funcionamiento normal del cuerpo, incluyendo la contracción y relajación muscular, la transmisión nerviosa, la producción de proteínas y energía, el cuidado de los huesos y el control de la glucosa y la presión arterial.
Algunas investigaciones van más allá y relacionan una mayor ingesta de magnesio con una menor presión arterial y un posible descenso de las migrañas, aunque los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos matizan que los suplementos reducen la presión solo modestamente y que su utilidad contra diversas enfermedades aún requiere más estudios. En cuanto a las cantidades, las referencias para adultos oscilan entre 300 y 400 mg diarios sumando alimentos, bebidas y suplementos —la dieta variada es la vía preferente—, pero el magnesio ingerido en pastillas tiene su propio techo: 350 mg al día como máximo, salvo prescripción médica. ¿Por qué? El exceso procedente de suplementos o medicamentos puede causar diarrea, náuseas y cólicos abdominales y, en dosis extremas, arritmias cardíacas, con un riesgo acrecentado en personas con problemas renales que no eliminan bien el exceso. Otra cautela: el mineral interfiere con ciertos antibióticos y medicamentos para la osteoporosis, así que la regla de oro de los especialistas es consultar con un médico antes de tomarlo a diario.
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