Los expertos no tienen dudas: cuidar la salud mental entre los 3 y los 6 años reduce a la mitad los trastornos en la adolescencia, y tres de cada diez menores enfrentarán algún problema de aprendizaje o neurodesarrollo en su camino escolar. En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, la psicóloga infantil y coordinadora del programa MENTIS del Área de Colegios CEU, Macarena Borrega, explica a EFE cómo detectar a tiempo las señales: «Nos basamos en tres ejes principales: el sueño, la alimentación y la higiene. También se evalúa el aprendizaje, por si hay un menor rendimiento, y cómo socializa, si tiene un juego autónomo». Los niños, recuerda, son muy sintomáticos y lo expresan todo a través de conductas, comportamientos o mensajes, y entre los 3 y 6 años los problemas de salud mental que no proceden de un diagnóstico médico son, en gran medida, «el reflejo de la sociedad».
Borrega alerta además contra el ritmo adulto impuesto a la infancia: «Falta tomar conciencia de que los niños no tienen el ritmo del adulto. Despertarlos temprano y darles ya siete consignas supone una dificultad en una edad donde necesitan procesarlas una a una». Su colega, el psiquiatra Hilario Blasco-Fontecilla (UNIR), subraya que los ingresos hospitalarios por salud mental en menores han aumentado en la última década —por mejores diagnósticos, pero también por las redes sociales y la pobreza económica y emocional— y que la detección temprana es decisiva: un niño con TEA detectado a los 2 años puede ser normofuncional a los 18. En la escuela, las medidas preventivas pasan por socializar entre iguales, realizar juegos simbólicos, ampliar las horas de patio, no introducir pantallas en Infantil y establecer rutinas y límites, en línea con UNICEF, que recuerda que el juego «es una forma valiosa en la que los niños procesan emociones y experiencias» y que un tercio de los trastornos de salud mental se inician antes de los 14 años.