Analistas políticos neoyorquinos advierten que crece la posibilidad de que el país azteca tenga a su primera Presidenta, con Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez liderando en preferencias, en un hecho que una vez mostraría que América Latina sigue dando lecciones a Estados Unidos y que otros entienden como una lucha contra el machismo.

Este 16 de septiembre los mexicanos celebran el Día de la Independencia, con el llamado grito de Dolores, y además de festejar sus fiestas patrias, la oaxaqueña Lucerito Rodríguez, quien vive en la Gran Manzana hace 12 años, y quien asegura ser amante de la política, advierte que hay otro motivo para sentir el orgullo por la bandera verde esmeralda, blanco y rojo. Y es un motivo con aroma de mujer.

Por primera vez en la historia, México ve con fuerza la posibilidad de que las riendas de ese país sean manejadas por una mujer. A un lado del escenario político, está la exjefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien representaría la continuidad de la llamada “Cuarta Transformación” del actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y al otro lado está la senadora Xóchitl Gálvez, quien supo echarse al bolsillo a los partidos de la coalición Frente Amplio por México, que plantea llevar a la nación por otro rumbo.

“Siempre me he considerado una mujer que lleva en alto el nombre de su tierra, pero al mismo tiempo soy una mujer luchona y muy fregona, y saber que dos mujeres son las que están más fuertes para reemplazar a AMLO, me llena de emoción”, asegura la joven mexicana, quien afirma que desde que era muy chica siempre tuvo interes en la política. “Y aunque estemos lejos, el derecho que tenemos los mexicanos de poder votar desde el exterior es algo que debemos usar con fuerza, no solo porque una mujer gobierne el país sino porque de paso es un golpe duro al machismo que por mucho tiempo nos ha querido mantener oprimidas”.

Y a más de 3,800 kilómetros del centro de Gobierno del país de los tacos, las enchiladas, la banda, los corridos, los magnificentes paisajes naturales y gente cálida y amable, en los rincones de la Gran Manzana, donde según datos del Censo viven por lo menos medio millón de mexicanos, analistas políticos tienen los ojos bien puestos en las Presidenciales mexicanas del 2024. Expertos consideran que los comicios aztecas no solo tendrán influencia en las comunidades de ese país que hay en los cinco condados sino que también reafirmará el mensaje a su vecino del norte que sigue sin poner a una mujer en el manejo del poder.

“Cuando hay ejemplos de una participación de género mucho más fuerte, con mujeres, en un país latino del que tradicionalmente se habla de modo particular como un país que es muy machista, sin duda es motivo de reconocimiento, pero también le recuerda a este país que está muy atrasado en haber elegido a una mujer como Presidenta hace muchos años”, asegura la analista política Lucía Gómez. “Además de dar una lección de que son capaces de elegir a una mujer a la Presidencia porque entienden que no están relegadas en el mundo político y son líderes fuertes, le estaría diciendo clarito en la cara a Estados Unidos que aquí estamos un poco atrasados, y que cada crítica que este país suele hacer a países llamados tercermundistas y a países de Latinoamérica, varios de los cuales han elegido a mujeres gobernantes, se queda sin sustento. Si en México gana una mujer como Presidente, ese sería un mensaje bastante fuerte para Estados Unidos”.

La experta política advierte sin embargo, que el impacto que la comunidad mexicana que vive en Nueva York puede tener en las elecciones de la nación azteca, va a depender de la labor que hagan las candidatas presidenciales para atrapar ese voto extranjero, y que eso pudiera al mismo tiempo potenciar a los mexicanos como una fuerza política a nivel local y estatal.

Un problema que vemos aquí es que los mexicanos no tienen representatividad en oficiales electos de alto rango, pero si las candidatas presidenciales logran involucrarlos en las elecciones de México, también pueden despertarlos para que participen más en las elecciones en Nueva York”, agregó Gómez. “Si la comunidad mexicana participara verdaderamente en la democracia de Estados Unidos, sería un excelente ejemplo, pero todavía no veo ese nivel de participación que además se traduzca en más diversidad y en una lucha más fuerte contra los estereotipos que en buena parte creo que el pueblo estadounidense ha querido proyectar”.

Pero más allá de que a la sede de Gobierno mexicana llegue una mujer, la analista advierte que desde su posición de poder deberá velar también por los intereses y necesidades de los mexicanos que viven fuera y luchar contra el machismo, del que dijo no se acabará solo porque haya una Presidenta.

No es una cosa mágica que si gana una mujer se acaba el machismo en México, eso sería tanto como decir que el racismo se acabó en estados Unidos cuando ganó Obama y no fue así, al contrario, nos fuimos hacia atrás”, destacó la estudiosa latina. “Elegir una mujer no significa adiós al machismo, lo que significa es que se reconoce que una mujer tiene las mismas oportunidades que un hombre, y que un pueblo considera que puede hacer un buen trabajo, lo que muestra una madurez en el electorado, lo que es un avance”.

Lucía Gómez aseguró que los mexicanos pudieran apostarle al voto colectivo para tener más fuerza y poder exigir a sus futuros líderes mayores acciones que los beneficien.

“Siento que el ánimo y el involucramiento de los mexicanos en asuntos extranjeros es de un nivel sofisticado. Llevamos dos décadas esperando a que el voto mexicano despierte de manera colectiva, pero ese momento no ha llegado. Numéricamente hay fuerza pero no se traduce en números electorales”, dice la analista. “Gane quien gane la Presidencia en México, debe abogar por sus compatriotas en el exterior, debe fomentar ese vínculo con los mexicanos y entender la dinámica que están viviendo”.

Carlos Vargas, estudioso político y analista, asegura que ver a México caminar hacia la consecusión de la Presidencia por parte de una mujer, es un hecho histórico, pero teme que los connacionales de ese país que viven en la Gran Manzana y en otras partes del país, les cueste traducir esa emoción en votos.

“Datos de un sondeo de 2006 indicaba que tan solo el 10% de los mexicanos prestaba mucha atención a la política de su país, y el 39% ninguna atención y aunque han pasado unos años siento que como pasa con otros grupos hispanos, en la población mexicana en general hay poco interes político”, dijo el puertorriqueño.

Asimismo, el Dr. José Higuera López, director del Instituto de Estudios Mexicanos de Cuny, advirtió que el hecho de que México esté de cara a las próximas elecciones presidenciales con la posibilidad real de que tenga una mujer Presidente, envía un mensaje poderoso al mundo y a la comunidad mexicana de Nueva York.

“Es el resultado del arduo trabajo de las mujeres a lo largo de los años, desafiando obstáculos estructurales. Este momento representa un reconocimiento del liderazgo femenino en la política mexicana”, dijo el estudioso mexicano. “Los mexicanos tienen la oportunidad de elegir entre dos candidatas, lo que es un paso importante para romper con las barreras de un sistema patriarcal arraigado en la sociedad”.

El académico agregó que el duelo de mujeres políticas en el país azteca es un acontecimiento histórico que además de enfrentar al machismo, marca el camino hacia una mayor participación cívica de las mujeres y demuestra que ya están transformando a México.

La presencia de dos mujeres compitiendo por la Presidencia es un fuerte mensaje contra el machismo, no solo dentro de México. Esto desafía estereotipos arraigados y cambia la narrativa sobre el liderazgo político en el país”, dijo el Dr. Higuera López.

“En Nueva York y en todo el mundo, esta elección subraya la importancia de la igualdad de género y muestra que las mujeres pueden ocupar cargos de alto poder y tomar decisiones cruciales para la nación. Es un paso hacia una sociedad más inclusiva y equitativa que inspira a las personas a cuestionar y a continuar luchando por superar el machismo en todas partes”, concluyó.

Por  Edwin Martínez

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